El otro Spiderman



A Hernán Zamora


Tóxica y blanca, lista para ser inhalada,
la araña de cinco patas aguarda,
ya mordida, sobre un disco de David Bowie.

Él, sonámbulo en su nariz,
se trepa a las paredes,
al techo, al visor de la puerta,
incluso a la caja del armario, adentro.

Siente el peso de lo que se viene,
la lenta tragedia de la luz.

Sobre el descampado de la sala,
la mañana lanzará sus estiletes
y una mano en red, babaza,
volcará los hilos de su noche
sobre el rostro encandilado.

Su rostro ansioso de tacto.

Pero las cosas carecen de piel,
no tienen sangre, no tienen ríos,
no se mojan entre las piernas.

Las cosas sólo saben estar muertas,
servilletas sobre la mesa,
mapas de azoteas sin vértigo,
instrucciones para dar saltos,
lecciones finales para niños viudos,
tinta corrida de la mala poesía, trazo borroso,
como si le hubieran llorado encima, aunque no.