Vuelve y quédate,
por lo menos quédate en mis sueños.
En tu nave voladora, en tu nave de
vidrio,
daremos un paseo hacia las playas
de aguas templadas, allí,
donde se tienden en silencio
los que viven en la calma.
Descalzos sobre la arena luminosa,
la ensenada, la bolsa con los peces,
el muelle lejano donde sigues
atendiendo barcos
y subes el puente, y me llevas, de la
mano.
Quédate para ese instante
en que toda tu bondad regresa.
Mírame, sonríe, demuéstrame
que estás bien, que sabes
que yo estoy bien.
No importa lo que digas,
no importa si no entiendo.
Háblame con tu sola presencia
y dame compañía,
sobre todo, compañía.
Qué solo está en el mundo
un hombre sin su padre.