Oscila, trabaja la paciencia,
busca comprender,
es un santo, un héroe,
el traductor de los silencios,
de las señales lejanas.
Penitente, sufre, anhela
el perfume brevísimo,
y es célibe, célibe milenario.
Apenas disfruta la brisa
que acaricia su rostro
cada vez que recuerda
el mito de los jardines.
Lo sagrado
nunca se da del todo,
esa es su belleza,
su ardua delicia.