Stan Lee


Quizás entonces sea mejor traernos a Stan Lee,
pagarle miles de millones de dólares
para que nos asista y nos procure
unos titanes que sólo han de existir
en el dibujo y en los colores.

Quizás usted, míster Lee,
nos ayude así a disipar en las viñetas
este vacío sin foto de un papá postizo
llevándote de la mano por los jardines.

Tan sonrientes, tan necesitados de cariño,
nosotros, los hijos del abandono.

Master Lee, por favor, venga
y móntese en papel las hazañas
de un súper galáctico de a mentiras,
que logre por fin acabar
con nuestras rizadas ganas de montoneros,
de mandamases carismáticos y bravucones.

Regálenos uno que se mantenga
muy atildado en la portada del fascículo,
con el puño arriba, volando hacia el cielo,
hacia el sol, hacia las llamas
y las futuras cenizas de su ego,
cada vez más distante de este país
fatigado de supermanes de barro,
o peor, de carne y hueso.