Testamento




Yo, coronel Brown del segundo regimiento de la Armada Británica,
y también sargento del primer batallón de la Legión extranjera,
dejo acá mi testamento de pelos de nariz y de pelos de orejas,
un par de elefantes que caben en una mano,
así como un perro que a todas partes me sigue,
un corta cutícula y, a pesar del esfuerzo, uñas rotas
con manchas blancas (no se sabe quién ha puesto el arsénico),
unas cuantas enfermedades raras, como fascitis plantar bilateral,
bruxismo y alcoholismo (aunque ya por estos lados no se bebe),
una colección de súper héroes en las repisas de mi biblioteca,
otra de cómics, y una de dibujos de mi niño, esos dibujos
que siempre me llevó al estudio cuando escribía mis memorias.
Pongo también a resguardo un clip que sirve para sostener recuerdos,
el tatuaje de un ave Fénix, que es más bien un talismán,
un escondite secreto (del escondite no se tiene mapa,
así que no insista, se agradece), y finalmente, por si acaso,
una camisa de fuerza, pues nunca podré dar en herencia
la cordura de mí mismo. Nunca hubo de eso.

Larga vida a Dios y a la reina, al rey y a Marcel Duchamp, nuestro héroe.