Tu cuerpo
es la eterna contienda.
Pero él permanece
siempre fiel, atento
a cada rigidez
de tu alma,
tan beata.
Cuando un cuerpo muere,
las almas dejan de sentir,
de amar, pues tan sólo
se ama con el cuerpo.
Ni los demonios
ni los ángeles
saben amar.
Salva tu cuerpo,
no tu alma.